INICIO Cuento» Con los pies en la arena Cuento» Lealtad mutua Cuento» La Rebelión de los Suspiros Cuento» La importancia de la historia en la vida de un hombre Cuento» Libertad condicional Cuento» Tres horas después Cuento» Ella y yo Cuento» LOYCA Cuento: Cuento» FELIZ VIAJE


Ernesto tenía una rutina estricta. Se levantaba a las seis de la mañana, a las ocho abría la librería, al mediodía almorzaba con Juan, —su amigo contador al que conocía de toda la vida—, luego dormía una siesta de treinta minutos y volvía presuroso a su trabajo, a la medianoche cerraba el negocio y nadie en el barrio sabía más de él hasta la mañana siguiente. Así, de lunes a lunes.

Ninguno entendía por qué Ernesto estaba solo. Era apuesto, todavía joven, alegre, tenía dinero…. Tampoco entendían qué hacía entre tantos libros todos y cada uno de los días de la semana.

A Juan le preocupaba que su mejor amigo viviera como un ratón de biblioteca y por eso, los sábados y domingos lo invitaba a alguna fiesta o al club con la esperanza de verlo aparecer algún día.

Ernesto era feliz apegado a su rutina y por más de que algunos amigos y vecinos intentaran modificarla, él no quería cambiar y así fue hasta el día en que Mercedes, la profe de historia, se mudó al barrio, alquiló la casa lindante a la librería y entró a comprar un libro.

Mercedes, como lectora fanática que era, se lo pasaba en el negocio de Ernesto revolviendo estantes en búsqueda de alguna obra no leída de Jo Beverley. Ella, enamorada del género histórico sentía por la autora una admiración desmedida y él, atraído por su charla, entusiasmo y amplia sonrisa, había creado un rincón literario, donde servía café a las cinco de la tarde, por el sólo afán de retenerla más tiempo en su local.

El barrio empezó a verlos siempre juntos entre lecturas a todas horas en la librería, por las noches charlando y riendo en el bar de en frente y los fines de semana cenando en algún restaurante y también en el club caminando de la mano.

La gente se acostumbró pero no faltó quien apostara por la ruptura. Pasó el tiempo, Ernesto y Mercedes se fueron a vivir a una casa nueva y pronto todo el mundo los olvidó.

Así son las verdaderas historias felices.

Mustias y olvidables.

Anónimas.

Sin final.


Azul Pacheco
Junio de 2015


★ Créditos: Garabatos sin © (Adaptación de Plantillas Blogger) ★ Ilustración LEER ©Sofía Escamilla Sevilla

Ir Arriba